jueves, 5 de mayo de 2011

Pruebas de audición en niños


Las pruebas de audición disponibles para niños son muy variadas.

Cómo y cuándo se debe realizar una prueba de audición a un niño depende de varios factores, entre los que se incluyen la predisposición genética para padecer una discapacidad auditiva y la exposición del niño a ciertos factores de riesgo.

Algunas pruebas auditivas pueden utilizarse con niños de todas las edades, mientras que otras se emplean dependiendo de la edad del niño y el nivel de comprensión.

Pruebas de audición para recién nacidos

Realizar pruebas de audición a recién nacidos antes de que abandonen el hospital o la maternidad es una práctica cada vez más común. Es importante que la pérdida de audición del niño se diagnostique antes de los tres meses de edad. Un bebé con pérdida de audición de nacimiento debería empezar el tratamiento antes de los 6 meses, ya que es una edad clave para el desarrollo del habla y del lenguaje. Los niños cuya pérdida de audición se identifica y se trata de forma temprana suelen alcanzar el mismo nivel de desarrollo que sus compañeros en el momento de empezar la escuela.

Existen fundamentalmente dos pruebas de audición para los recién nacidos. Ambas pruebas son indoloras, duran pocos minutos, y se realizan mejor cuando el bebé está dormido.


Prueba de emisiones otoacústicas (EOA), en la que se coloca un pequeño micrófono en el oído del bebé. Se envían los sonidos al oído, y se registran los sonidos emitidos por la cóclea en el canal auditivo. Se pueden determinar los umbrales auditivos para ciertas frecuencias analizando las emisiones. Si el bebé tiene pérdida de audición no habrá emisión de sonido.


Prueba de respuesta auditiva evocada del tronco del encéfalo (BAER), en la que se colocan electrodos en diferentes lugares del cuero cabelludo y el oído. Mientras el niño está en reposo se presenta un estímulo acústico en cada oído mediante auriculares normales o insertados. Un análisis de las ondas auditivas del cerebro revela los umbrales de audición.



Un bebé que no supera las pruebas de audición deberá ser examinado de nuevo para confirmar el resultado y deberá ser evaluado de forma exhaustiva por un audiólogo.

Pruebas de audición para niños de 7 meses a 2 años

Además de las pruebas mencionadas anteriormente, una prueba de audición en niños puede consistir en:


Prueba de audiometría de comportamiento sencilla que incluye la utilización de estímulos sonoros portátiles que representan diferentes rangos de frecuencia (por ejemplo, un tambor, un sonajero, una campana, etc.). Esta prueba se utiliza para observar el comportamiento del niño en respuesta a ciertos sonidos.


Prueba del campo sonoro con refuerzos visuales durante los cuales el niño está expuesto a diferentes sonidos a través de altavoces. Se le enseña al niño a girarse hacia la fuente de sonido. Cuando hay respuesta, se “premia” al niño con una imagen visual divertida o un juguete.


Si el niño no supera las pruebas es necesario remitirle a un audiólogo para que lo examine en profundidad.

Prueba de audición para niños de 2 a 3 años

Para examinar la audición de niños de 2 a 3 años se pueden utilizar los siguientes métodos:


La audiometría condicionada por juego es una prueba con auriculares utilizada con niños pequeños que sean lo suficientemente maduros para tolerar esta estrategia, la cual proporciona información específica sobre la pérdida de audición. La prueba se convierte en un juego y se le pide al niño que haga algo con un juguete (por ejemplo, tocar el juguete) cada vez que oiga un sonido. Esta prueba requiere la participación activa del niño.


Si el niño no supera la prueba auditiva se le debe remitir a un audiólogo para una evaluación exhaustiva.

Prueba de audición en niños mayores


La timpanometría es una prueba de audición que sirve para determinar el funcionamiento del oído interno del niño. Mediante la transmisión de aire a presión se observa la reacción del tímpano. La movilidad del tímpano se mide con una máquina especial. Esta prueba no determina si el niño oye o no, pero puede detectar si hay cambios de presión en el oído interno. Esta prueba requiere que el niño esté quieto y se emplea normalmente con niños mayores.


El niño que no supera esta prueba de audición debe ser examinado por el audiólogo.

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